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Los truculentos aspirantes a consejeros del INE

Con esta jugada truculenta, Valle, Chávez y Ramos quieren garantizar que al menos uno de ellos llegue al Consejo General del INE, y con suerte hasta dos, pues cuentan con la bendición presidencial, porque lo más probable es que cualquiera sea incondicionalmente tramposo. Lo veremos. FOTO: Especial / Edición IA/Gemini

Con esta jugada truculenta, Valle, Chávez y Ramos quieren garantizar que al menos uno de ellos llegue al Consejo General del INE, y con suerte hasta dos, pues cuentan con la bendición presidencial, porque lo más probable es que cualquiera sea incondicionalmente tramposo. Lo veremos. FOTO: Especial / Edición IA/Gemini

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Alejandro Lelo de Larrea


Dos provienen del Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM), donde para nada fueron sobresalientes. La tercia la completa un empleado de la presidenta Claudia Sheinbaum. Son los tres, todavía muy alegres compadres. Tan unidos, que estudian juntos para obtener calificaciones absolutamente fuera de rango estadístico, o sea outliers, por lo que les atribuyen haber conseguido antes el examen.

Son Bernardo Valle, Arturo Chávez y Ernesto Ramos, los chicos de los casi 100 de calificación, que les otorga un buen argumento para pasar a la final del proceso de selección en la Cámara de Diputados para consejeros INE, o si llegara el caso de que no haya mayoría de dos tercios, pasen directo a la tómbola.

Arturo Chávez, quien no es especialista en temas electorales, en campaña era el enlace con los abogados de Sheinbaum. Sacó 99/100 en el examen, igualito que Bernardo Valle, quien como consejero del IECM de manera oficiosa le ayudó a Sheinbaum cuando fue jefa de Gobierno. En 2024, fue el artífice en lo oscurito para el regalito a Morena –según denunció la oposición– de siete diputados en el Congreso de la Ciudad de México, con los que alcanzaron la mayoría constitucional.

Después, Valle fue del grupo redactor de la iniciativa presidencial “Plan A” de reforma electoral. De independiente, nada tuvo, ni nada tiene. Valle es amigo de Iván Mendoza, secretario técnico del Comité de Evaluación de los aspirantes a consejeros, y también de Rubén Lara, integrante de dicho Comité. ¿De ahí salió el examen? Es pregunta.

El tercero que mejor calificación obtuvo es Ramos, actual consejero electoral de la CDMX. Por supuesto tenía que quedar aunque sea un puntito debajo de Valle, el jefe, pues obtuvo 98/100. Ramos también comete fraude a la Ley, porque se inscribió como “consejero migrante” sin que lo sea.

Lo significativo en este caso es que el desempeño de varios años de Ramos en el IECM no es acorde con su evaluación, si lo comparamos con el desempeño de manera paralela con tres de sus compañeras consejeras, que sacaron 20% menos de calificación en el examen. Patricia Avendaño, presidenta del IECM, obtuvo 80/100; Erika Estrada, 81/100, y Sonia Pérez, 77/100.

Después de los tres alegres compadres, la siguiente mejor calificación es 90/100, de Pedro Constantito y Alejandro Romero; de ahí, con 88 puntos Juan Manuel Vázquez y Diego Valadez Lam. Sorprende que es hasta los 86 aciertos que aparece la primera mujer, María Fernanda Romo. Está completamente fuera de rango de otros exámenes para consejerías del INE y de OPLES, me dice una experta.

Me cuenta que el resultado evidencia un tema de brecha de género. Regularmente la más alta calificación siempre es de los hombres y el ranqueo para las mujeres empieza entre 2 y 5 puntos por debajo. ¡Pero no 12!, añade. Atribuye la diferencia entre calificaciones a varios hechos: “La doble carga de las mujeres, el ‘síndrome de la impostora’ –creencia irracional de no ser competente–. Ambas cosas tienen que ver con la brecha de desigualdad entre hombres y mujeres”, advierte.

Y remata con otro dato: “Las mujeres que evalúan por encima de otras mujeres (incluso que puedan llegar a alcanzar a algunos hombres) son, por lo general, mujeres que no tienen cargas familiares o de cuidados”.

Valle, Chávez y Ramos sí que se sirvieron con la cuchara grande y por eso deberían ser descartados para continuar en la contienda. Estadísticamente son unos “outliers”, como se le denomina a los valores atípicos que distorsionan resultados. Se encuentran muy lejos del resto de las personas evaluadas, que son más de 400. Esto puede indicar un error de medición muy relevante, o que de plano les dieron el examen previamente.

Con esta jugada truculenta, Valle, Chávez y Ramos quieren garantizar que al menos uno de ellos llegue al Consejo General del INE, y con suerte hasta dos, pues cuentan con la bendición presidencial, porque lo más probable es que cualquiera sea incondicionalmente tramposo. Lo veremos.

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